24 diciembre, 2011

Es una adicción, es un infierno, es no parar de temblar.

Nadie se imaginó que sería de esa manera. Él se enamoró y ella cayó también, sin previo aviso, aunque había prometido no volver a caer por ninguno que le pintara los cielos de azul y le cantara canciones de gatitos. Intentaron esconderlo pero se les escapaban las sonrisas por las comisuras de los labios y los ojos les brillaban como aquellas lucecitas que vieron una noche, cogidos de la mano mientras el frío se posaba en sus narices y las hacía enrojecer.

¿Qué más podían hacer? El amor se había acomodado sobre sus hombros como un loro sobre su pirata y no había forma de hacer que se marchara. Y, en realidad, tampoco querían que se fuera. Solo les hacía falta una casa sin paredes, un día lluvioso y mucho polvo de hadas, de ese que se te mete por la nariz y te hace estornudar, y luego reírte, y luego volver a estornudar. Se meterían bajo una manta, dejarían la dura y cruel realidad atrás y se dirían ‘te quiero’ entre miradas y sonrisas. Y nadie más lo vería. Porque no necesitaban a nadie más…

5 comentarios:

  1. Awwwwwwwww. Qué bonito, Kuks<3
    Encima que estoy moñas me vas a hacer llorar con estos textos tan adorables, jo.
    Love it, hun.

    xoxo

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  2. te quiero... y siempre siempre estaré a tu lado para cantarte canciones de gatitos ^^

    FOREVER & ALWAYS

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  3. El amor siempre llena la vida de hermosas historias como esta, el amor hace que la vida se vea de otro color.

    un gran abrazo y ¡¡FELICES FIESTAS!!

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  4. Es precioso y un placer volver a leerte.
    Un Beso :)

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