09 julio, 2009

Cenicienta.


Ella es una Cenicienta, pero una Cenicienta sin príncipe. Cada mediodía llora sus infidelidades. Sabe que está mal, que él quiere pasar el resto de su vida con ella, pero ella no puede resistirse a los felinos ojos de Tom. Es increíble como todo el dolor se va cuando ella está con él. Cuando pasan la noche juntos y se quieren. Al menos, a su manera.
Un mediodía él la vio llorar. Sus ojos no brillaban, estaban opacos, y su sonrisa había perdido su encanto. La acunó entre sus brazos y le dijo que confiara en él. Y ella, con el corazón (o lo que le quedaba de él) encogido, se lo contó. Se lo contó todo. Cada uno de los besos que dio y que no eran suyos. Cada uno de los suspiros que no pronunciaban su nombre. Cada uno de los latidos que no se efectuaron por él. Él dejó de abrazarla y ella no dijo nada. Tan solo recogió sus cosas (también cogió un par de tiritas para su corazón) y se marchó.
Ahora ella está justo en su puerta, con la maleta en una mano y su corazón magullado en otra. Llama a la puerta, y justo cuando se abre se encuentra con esos ojos color miel y parece que todo el dolor se haya ido. Pero solo lo parece por un segundo, porque acto seguido las lágrimas le cubren el rostro. No hace falta decir nada. Él lo entiende todo. La abraza con sólo un brazo, y con el otro entra la maleta y cierra la puerta.
- Todo saldrá bien, pequeña -susurra.
Deja la maleta en el recibidor y la lleva hasta la habitación. Se sienta a su lado en la cama y la acaricia. Las mejillas, los párpados, la nariz, las pestañas, los labios (que ese día no son rojos), el alma.. Ella le mira y no puede disimular. Se muere por esos labios, por esos ojos, por ese piercing, por esas rastas... Podría morir mirándole.
No puede resistirlo más. Le besa con el corazón latiéndole a un ritmo irregular y se da cuenta de que algo a cambiado. Ya no le besa con esa inseguridad, con esa sensación de culpa. Ahora puede besarle abiertamente. Él la tumba en la cama y se tumba encima suyo. Le recorre el cuerpo con las manos y ella siente que el mundo se está parando. Nada les va a separar ahora.
Un beso, otro, y otro más. La ropa empieza a sobrar, el calor se apodera de ambos, y al cabo de pocos minutos ambos gimen el nombre del otro.
Después, cuando todo ya ha acabado, ella descansa sobre su pecho mientras él fuma un cigarrillo y le acaricia el brazo. Ella sonríe y le arrebata el cigarrillo. Después de una calada, él vuelve a apropiarse de esa fuente de nicotina. Y luego ella otra vez. Y ríen, y juegan, porque sienten que algo a cambiado. Porque son las tres de la tarde y no han tenido que esperar hasta la noche para estar juntos.
Porque al parecer, eso es el principio de algo nuevo.

3 comentarios:

  1. Cenicienta, ¿acaso te costó tanto dejarte llevar e ir con el hombre al que amas?

    Kuka, está genial. Me encanta.

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  2. Cenicienta, tu corazón ahora pertenece a él. Cada caricia lleva su nombre y cada poro de tu piel está lleno de su calor. Ahora eres suya.
    Es precioso <3 Tus escenas son totalmente increíbles.
    Un beso

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